22 agosto 2021

El olvido que seremos

La mayor de las veces, las novelas sobre padres e hijos están marcadas por el distanciamiento emocional. Héctor Abad Faciolince consiguió la proeza de traducir a literatura el amor y la admiración sin ceder un ápice al sentimentalismo.

Pero no solo es la historia de la relación con su padre. También nos presenta a su madre (p.88-89) y sus hermanas. La historia de su familia se ubica en la convulsa Colombia de los años 70 y 80; específicamente en Medellín (¿es que acaso todo el último tercio del siglo XX sucedió en Antioquía?)

Ahí vemos al médico Héctor Abad Gómez, especialista en salud pública, catedrático de la Universidad de Antioquía. Para los conservadores era un radical y para la Izquierda extrema era demasiado tibio:  

"[...] cuando él más que nunca predicaba la tolerancia de todas las ideas, y el mesoísmo en filosofía (una palabra que él había inventado para defender el justo medio, el antidogmatismo y la negociación) repetía mucho la siguiente frase, quizá citando a alguien que no recuerdo: «Aquéllos a quienes los güelfos acusan de gibelinos, y los gibelinos acusan de güelfos, esos tienen la razón»." (p. 95).

Pero inclusive este hombre "«cristiano en religión, marxista en economía y liberal en política»" (p. 176) sucumbió al halago y permitió ser utilizado por impresentable partidarios del régimen de Corea del Norte (p.221).

La escena en que recoge de la morgue la ropa de su padre y cae del saco una de las balas, le revela que las autoridades no tenían mucho interés en averiguar lo ocurrido (p.225), pero, también, le muestra el poema de Borges que da título a la novela.

Esta es una de esas novelas que uno ansía ver en pantalla. Aun así, no es un libro fácil de convertir en imágenes y, tal vez, la película no está a la altura. En todo caso, ha sido un acierto que Javier Cámara encarne al padre. Uno tiene la sensación que ningún otro actor podría hacerlo ... tal vez por la calvicie.

Leído en diciembre 2020.

Abad Faciolince, Héctor. El olvido que seremos. Bogotá, Planeta S.A., 2006

07 agosto 2021

Las guerrillas de 1965: balance y perspectiva

Su nombramiento como ministro de Relaciones Exteriores, bajo el régimen asumido por el presidente Pedro Castillo Terrones, me dio para leer esta obra.

En el Prólogo p.11 se menciona al teniente Vallejo y los colegiales provistos de viejos fusiles de instrucción con los que se alzaron en Jauja. Esta historia le servirá a Mario Vargas Llosa como base (solo como base) de Historia de Mayta.

Capítulo I: Guerrillas en germen, Ideas en germen

En p.22, empieza el programa guerrillero MIR.

En. 23, el proceso de propiedad feudal – privada – cooperativa, que la experiencia cubana abrevió.

En p.25, acápite «¿Guerrilla, calco y copia?» compara la experiencia cubana y la guerrilla de 1965.

En p.27 compara las diferencias entre clase media y campesinado.

En p.28, “Partiendo de una concepción liberal democrática”, detalla la líneas ascendente de la Revolución cubana, desde las revueltas callejeras en La Habana, pasando por acciones armadas (asalto al cuartel Moncada), hasta la guerrilla de Sierra Maestra. Este proceso significó el involucramiento de la población, simpatizando con los revolucionarios. Ya tomado el poder, desde asumir las ideas socialistas hasta la oficialización del marxismo leninismo, “en un diálogo constante con el pueblo”. No sucedió lo mismo en Perú (p.29).

En p.30, “En suma, no estuvimos equivocados al tratar de iniciar la revolución en nuestro país, ni tampoco cuando empezamos a balbucear algunas heterodoxias, pero fallamos cuando nos calamos más hondo en las experiencias revolucionarias de otros países, particularmente, la cubana, y sobre todo [asumo que falta una frase como «cuando no calamos»] en la experiencia acumulada por el pueblo de nuestro propio país”.

En p.31, la guerrilla confrontó al partido comunista. Su fracaso no se debió a que éste le negara apoyo.

Capítulo II: LA OPCIÓN, HOY

Referida al proceso revolucionario 1968 – 1974 llevada por las Fuerzas Armadas.

En p.46, acápite «Revolución o fascismo» hace un breve recuento histórico. “Ciertamente, el fascismo es el producto de ciertos capitalismos agónicos, aterrorizados ante la inminencia de la revolución social […]”.

Capítulo IV: EL MARCO SOCIAL

Es uno de los capítulos más interesantes. Rancas (p.70), Hugo Blanco (p.70)

Capítulo V: LAS CAUSAS POLÍTICAS

En p.83, acápite «La “Nueva Izquierda”»: del APRA, el MIR y VR; del PC, FIR, ELN y otros de tendencia maoísta.

En p.87, la “nueva izquierda” carece de un planteamiento ideológico coherente. División de la izquierda. “[Eudocio] Ravines es posiblemente el traidor más inescrupuloso de América Latina […]”, “[…] modelo degenerado de estalinismo que Ravines implantó en el Perú”. “[…] esta nueva izquierda tenía, hay que decirlo, mucho de viejo”.

En p.88, acápite «La izquierda y la sindicalización campesina»: Hugo Blanco.

Leído el 07 de agosto 2021.

Béjar, Héctor. Las guerrillas de 1965: balance y perspectiva. Lima, PEISA, 1973.

17 julio 2021

Karl Marx: su vida y su entorno

Capítulo 5: Materialismo histórico

"Tales ideologías —nacionales, religiosas, económicas, etc.— constituyen formas de autoengaño colectivo; las víctimas de la clase gobernante —los proletarios y los campesinos— se las asimilan como parte de su educación normal, de la visión general de la sociedad antinatural, y así llegan a considerarlas y aceptarlas como elementos objetivos, justos, necesarios, del orden natural que explican las pseudociencias creadas con ese fin."

"Por puros que sean sus motivos, los mutualistas, los «verdaderos socialistas», los anarquistas místicos, son por lo tanto enemigos más peligrosos del proletariado que la burguesía, pues ésta es por lo menos un enemigo declarado, de cuyas palabras y hechos los trabajadores pueden aprender a desconfiar. Pero aquellos otros que proclaman su solidaridad con los trabajadores y suponen que siempre existen intereses universales de la humanidad como tales, comunes a todos los hombres —que los hombres tienen intereses independientes de su afiliación a determinada clase, o que trascienden a ésta—, diseminan el error y la oscuridad en el mismo campo proletario, y así lo debilitan para la próxima lucha."

"La liberación gradual de la humanidad ha seguido una dirección definida, irreversible: toda nueva época se inaugura con la liberación de una clase hasta entonces oprimida, y ninguna clase, una vez destruida, puede retornar. La historia no se desplaza hacia atrás ni en movimientos cíclicos, sino que todas sus conquistas son finales e irrevocables."

"Su lucha resulta así no ya una lucha por los derechos naturales de un particular sector de la sociedad, pues los derechos naturales no son más que la formulación ideal de la actitud burguesa frente a la santidad de la propiedad privada; los únicos derechos reales son los que confiere la historia, el derecho de desempeñar el papel históricamente impuesto a la clase a la que uno pertenece. En este sentido, la burguesía tiene plenos derechos a librar su batalla final contra las masas, pero su empeño está desahuciado de antemano: necesariamente ha de sucumbir, como en su hora fue derrotada la nobleza feudal. En cuanto a las masas, luchan por la libertad no porque así lo decidan, sino porque deben hacerlo o, más bien, así lo eligen porque deben hacerlo: luchar es la condición de su supervivencia; el futuro les pertenece y, al luchar por él, luchan, como toda clase en ascenso, contra un enemigo destinado a perecer y, por lo tanto, luchan por toda la humanidad. Pero al paso que todas las otras victorias llevaban al poder a una clase sentenciada a desaparecer al fin, a este conflicto no sucederá ningún otro, pues está destinado a acabar con la condición de todas esas luchas al abolir las clases como tales, al disolver el mismo estado, hasta entonces instrumento de una clase única, en una sociedad libre porque en ella no hay clases. Ha de hacerse comprender al proletariado que no es posible ninguna transacción verdadera con el enemigo, que, si bien puede concertar con éste alianzas temporales a fin de derrotar a un adversario común, en última instancia ha de volverse contra él."

Capítulo 7: Exilio en Londres: la primera fase

Tema 1/2 Marx abandona la idea del golpe de Estado liderado por los representantes del proletariado en aras de la revolución proletaria

"Los desastres de 1848 no conmovieron para nada las creencias teóricas de Marx, pero lo obligaron a revisar seriamente su programa político. En los años 1847-48 influyó tanto en él la propaganda de Weitling y Blanqui que comenzó a creer, contra su natural inclinación hegeliana, que podría realizarse una revolución coronada por el éxito mediante un golpe de estado llevado a cabo por un grupo reducido, pero resuelto, de revolucionarios adiestrados que, después de tomar el poder, podrían mantenerse en él, constituyendo ellos mismos el comité ejecutivo de las masas en cuyo nombre obraban. Este grupo funcionaría como punta de lanza del ataque proletario. Después de años de servidumbre y oscuridad, no podía esperarse que las grandes masas de la clase obrera estuvieran maduras para gobernarse a sí mismas o para dominar y destruir a las fuerzas a las que habían desplazado. Consecuentemente, había de constituirse un partido que funcionara como una élite política, intelectual y legislativa del pueblo, y que gozaría de la confianza de éste en virtud de su desinterés, su superior esclarecimiento y su percepción práctica de las necesidades de la situación inmediata, que, en fin, fuese capaz de guiar los titubeantes pasos del pueblo durante el primer período de su primera libertad. Denominó a este necesario interludio estado de revolución permanente; la conduciría la dictadura del proletariado, clase revolucionaria que prevalecería sobre el resto «como un necesario paso intermedio para llegar a la abolición de todas las distinciones de clases, a la abolición de todas las relaciones productivas existentes en que descansan tales distinciones, a la abolición de todas las relaciones sociales que corresponden a estas relaciones productivas y a la completa inversión de todas las ideas que derivan de semejantes relaciones sociales». Pero aquí, si bien el fin era claro, los medios para alcanzarlo eran relativamente vagos. La dictadura del proletariado dominaría el estado de «permanente revolución», pero ¿cómo había de cumplirse este estadio y qué forma iba a tomar? No hay duda de que hacia 1848 Marx pensó que lo produciría una élite que había de nombrarse a sí misma; ésta no trabajaría en secreto, como quería Blanqui, ni estaría encabezada por una única figura dictatorial, como ocasionalmente propuso Bakunin, sino que sería, como Babeuf, quizás, la concibió en 1796, un reducido grupo de individuos convencidos e implacables que ejercerían el poder dictatorial y educarían al proletariado hasta que éste alcanzara un nivel en que pudiera comprender su propia tarea.

Por ello Marx había propugnado en Colonia en 1848-49, una alianza temporal con los dirigentes de la burguesía radical. En este estadio, la pequeña burguesía que luchaba contra la presión de las clases que estaban inmediatamente por encima de ella, era la aliada natural de los trabajadores; pero como era incapaz de gobernar por su propia fuerza, cada vez dependería más del apoyo de los obreros hasta el momento en que los obreros, ya amos económicos de la situación, conquistaran las formas oficiales del poder político, ya por un golpe violento, ya por presión gradual. Esta doctrina (cuya más clara formulación se halla en el mensaje de Marx de 1850 a la Liga de los Comunistas) es bien conocida porque (revivida por el agitador ruso Parvus) en 1905 Trotski urgió su aplicación, la adoptó Lenin y, en 1917, ambos la pusieron en práctica en Rusia con la fidelidad más literal. Empero, el propio Marx la abandonó a la luz de los sucesos de 1848, por lo menos en la práctica, en ciertos aspectos vitales. Gradualmente fue descartando toda la concepción de la toma del poder por una élite, la que se le aparecía impotente para lograr algo frente a un ejército regular hostil y a un proletariado ignorante y falto de adiestramiento. Los dirigentes de los obreros no carecían de coraje ni de sentido práctico, pero de todos modos les hubiera resultado completamente imposible permanecer en el poder en 1848 contra las fuerzas combinadas de los realistas, el ejército y la alta clase media. A menos que el proletariado como conjunto adquiriera conciencia del papel histórico que le correspondía desempeñar, sus conductores serían impotentes. Podían provocar un alzamiento armado, pero no podrían retener los frutos de éste si no contaban con el arpoyo consciente e inteligente de la mayoría de la clase trabajadora. Consecuentemente, la lección vital que enseñaban los sucesos de 1848 era, según Marx, que el primer deber de un dirigente revolucionario consiste en sembrar entre las masas la conciencia de su destino y de su tarea. Éste es un proceso largo y laborioso, pero, a menos que se lleve a cabo, nada se logrará como no sea el derroche de energía revolucionaria en estallidos esporádicos dirigidos por aventureros o exaltados que, al no contar con una base real en la voluntad popular, han de ser inevitablemente derrotados, después de un breve período de triunfo, por las repuestas fuerzas de la reacción; a ello se agrega la brutal represión subsiguiente que paralizará al proletariado por muchos años. Por estos motivos se negó a apoyar, en vísperas de su estallido, la revolución que desembocó en la Comuna de París en 1871, si bien luego, y sobre todo por motivos tácticos, le dedicó un conmovedor y elocuente epitafio."

Tema 2/2 Marx abandona la alianza con la burguesía (como señala en el Manifiesto del Partido Comunsta) y opta por la pureza ideológica y táctica:

"De ahí su continua insistencia, en años posteriores, en conservar la pureza del partido, en mantenerlo lejos de todo enredo que pareciera una transacción. La política de expansión gradual y la lenta conquista del poder a través de reconocidas instituciones parlamentarias, acompañadas por una presión sistemática en escala internacional sobre los patronos por conducto de los sindicatos y organizaciones similares, como medio de asegurar mejores condiciones económicas para los trabajadores —y esto es lo que caracteriza la táctica de los partidos socialistas a fines del siglo XIX y principios del XX—, fue el producto legítimo de los análisis de Marx acerca de las causas de la catástrofe del año revolucionario de 1848.

Su principal objetivo —la creación de condiciones en las cuales fuera viable la dictadura del proletariado, «la revolución permanente»— no sufrió modificación alguna; la burguesía y todas sus instituciones estaban inevitablemente sentenciadas a la extinción. Acaso el proceso durara más de lo que había supuesto originariamente y, en tal caso, había de enseñarse al proletariado a ser paciente; sólo cuando la situación estuviera madura para una intervención, los dirigentes habían de llamar a la acción; entre tanto, debían dedicarse a reunir, organizar y disciplinar las fuerzas obreras de modo que éstas estuvieran prontas para cuando llegara la crisis decisiva. La historia ha ofrecido un comentario irónico sobre el particular: los caudillos de la revolución comunista rusa (país donde, sea dicho de paso, Marx no creía que su teoría fuera aplicable), al obrar de conformidad con la descartada opinión de 1850 y al encender la mecha cuando las masas populares no estaban evidentemente maduras para su tarea, por lo menos lograron prevenir las consecuencias de 1848 y 1871; en cambio, los alemanes ortodoxos y los socialdemócratas austríacos, fieles a la última doctrina de su maestro, obraron cautelosamente y gastaron sus energías educando a las masas para la misión que les esperaba, y fueron abatidos por la reorganizada clase reaccionaria, cuya fuerza debería haber socavado mucho antes, y fatalmente, la marcha de la historia y el constante trabajo de zapa por parte del proletariado."

"Berlin, Isaiah. Karl Marx: su vida y su entorno. Madrid, Alianza Editorial, 2007 [1939].

10 julio 2021

Gardel


La primera vez que viajé a Buenos Aires lo segundo que hice, no bien tuve un momento libre de trabajo, fue visitar la casa del Morocho de Abasto. Luego, en avenida Corrientes compré varias revistas, entre ellas Todo es Historia, director Félix Luna, No.522 (enero 2011): Los amores de Gardel.

La lectura de la biografía del cantor argentino me ha dado pie para ver sus películas. Años atrás había pocos lugares donde conseguirlas, siempre en formado CD (aunque me sorprendió encontrarlas en ambulantes de la avenida Sáenz Peña - Callao). Ahora son accesibles en YouTube. Las estoy viendo en orden cronológico.

Felipe Pigna nos hace lamentar la desaparición del cortometraje La casa es seria (París, octubre 1932). Cuenta la historia de Juan Carlos Romero (Carlos Gardel), que asedia sin descanso a Carmen Rivera (Imperio Argentina) hasta que la muchacha cede. Se citan para la noche. Ella lo dejará entrar a su dormitorio, pero deberán tener mucho cuidado porque es un alojamiento para jovencitas. Conforme lo acordado, él llega puntual y silba para que le arroje la llave, pero desde la distintas ventanas recibe una lluvia de llaveros:

"[...] dándole la excusa a Carlitos para lucir su sonrisa cachadora y decir: «¿Y esto es una casa seria? ¡Mi Dios!»." nos dice Pigna.

Leído en julio 2021.

Pigna Felipe. Gardel. Planeta, Buenos Aires, 2020

29 junio 2021

Manifiesto del Partido Comunista

Me gusta mucho esta edición física, con notas a pie de página de Engels y notas finales de los editores.

El libro abre con fotos de los autores y a lo largo del texto se intercalan ilustraciones de la portada de la primera edición, que antecede a la famosa "Un fantasma recorre Europa" (p. 31); una página del manuscrito original -las dos primeras líneas escritas por su esposa Junny Marx- (entre p. 54 y 55); y nuevamente la portada original de 1848, esta vez a color (entre p. 60 y 61).

Continúa con los prefacios a la edición alemana de 1872, rusa de 1882, alemana de 1883 -a partir de entonces, solo firmada por Engels-, inglesa de 1888, alemana de 1890 (una de las que más me gusta), polaca de 1892, italiana de 1893.

A partir de la edición alemana de 1883, Engels reconoce que pertenece única y exclusivamente a Marx la idea fundamental del Manifiesto; esto es:

que la producción [régimen] económica de la producción y la estructuración social que de ella se deriva necesariamente en cada época histórica constituye la base sobre la cual descansa la historia política e intelectual de esa época; que, por tanto, toda la historia [de la sociedad] (desde la disolución del régimen primitivo de propiedad común de la tierra) ha sido una historia de lucha de clases, de lucha entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, en las diferentes fases del proceso social; y que ahora esta lucha ha llegado a una fase en que la clase en que la clase explotada y oprimida (el proletariado) no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime (la burguesía), sin emancipar, al mismo tiempo y para siempre, a la sociedad entera de la explotación, la opresión y las luchas de clases [...]

En la edición alemana de 1888, Engels, ampliándolo un poco más, nos vuelve a contar que el Manifiesto fue publicado como programa de la Liga de los Comunistas.

Dentro del libro, el prefacio alemán de 1890 es uno de las partes que más me gusta. "El Manifiesto tiene su propia historia" (p. 19), nos dice Engels. Habla de su recepción inicial, muy entusiasta. Luego, su desplazamiento a segundo plano. Después, su recuperación. Aún así, la Asociación Internacional de los Trabajadores, a fin de incluir "a las tradeuniones inglesas, a los proudhonianos franceses, belgas, italianos y españoles, y a los lassalleanos alemanes", no podía partir de los principios expuestos en el Manifiesto. Debía, pues, tener un programa diferente, el cual fue elaborado por Marx como preámbulo del Estatuto de la Internacional. 19-20). En las últimas líneas destaca la nota final 25:

25. El Congreso de Ginebra de la Primera Internacional fue llevado a cabo del 3 al 8 de septiembre de 1866. Asistieron a este congreso sesenta delegados representando al Congreso General y a las diferentes secciones de la Internacional como también a las sociedades de obreros de Inglaterra, Francia, Alemania y Suiza. Hermann Jung fue el presidente. “Instrucciones para los delegados del Congreso General Provisional en diferentes asuntos”, de Marx, fue leído en el congreso como informe oficial del Congreso General. Los proudhonianos, que eran dueños de una tercera parte de los votos en el congreso, se opusieron a las “Instrucciones” de Marx con un programa que abarcaba todos los rubros de la agenda. Sin embargo, los defensores del Congreso General se impusieron en la mayor parte de los problemas sometidos a discusión. El congreso adoptó seis de los nueve puntos contenidos en las “Instrucciones” como sus resoluciones: sobre una unión internacional de fuerzas, sobre la sanción legal de la jornada de 8 horas de trabajo, sobre el trabajo de los niños y las mujeres, sobre la labor cooperativa, sobre los sindicatos y sobre el ejército permanente. El Congreso de Ginebra también aprobó los Estatutos Generales y Reglamentos Administrativos de la Asociación Internacional de los Trabajadores.

El Congreso obrero de París — El Congreso de Trabajadores de la Internacional Socialista fue llevado a cabo en París del 14 al 20 de julio de 1889, y fue, en realidad, el congreso para la fundación de la Segunda Internacional. Antes del congreso los marxistas dirigidos directamente por Engels mantuvieron una persistente lucha oponiéndose a los oportunistas franceses (posibilistas) …

Está compuesto de cuatro capítulos muy cortos y de fácil lectura.

Capítulo I Burgueses y proletarios

"La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de  las luchas de clases.

Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases beligerantes.

En las anteriores épocas históricas encontramos casi por todas partes una completa división [estructuración] de la sociedad en diversos estamentos, una múltiple escala gradual de condiciones sociales. En la antigua Roma hallamos patricios, caballeros, plebeyos y esclavos; en la Edad Media, señores feudales, vasallos, maestros, oficiales [de gremios] y siervos y, además, en casi todas estas clases todavía encontramos gradaciones especiales." (p. 32-33)

Capítulo II Proletarios y comunistas

Se nos ha reprochado a los comunistas el querer abolir la propiedad personalmente adquirida, fruto del trabajo propio, esa propiedad que forma la base de toda libertad, de toda actividad, de toda independencia individual. (p. 51)

III. Literatura socialista y capitalista

IV. Actitud de los comunistas ante los diferentes partidos de oposición.

“En Alemania, el Partido Comunista lucha de acuerdo con la burguesía, en tanto que esta actúa revolucionariamente contra la monarquía absoluta, la propiedad territorial feudal y la pequeña burguesía reaccionaria.
Pero jamás, en ningún momento, se olvida este partido de inculcar a los obreros la más clara conciencia del antagonismo hostil que existe entre la burguesía y el proletariado, a fin de que los obreros alemanes sepan convertir de inmediato las condiciones sociales y políticas que forzosamente ha de traer consigo la dominación burguesa en otras tantas armas contra la burguesía, a fin de que, tan pronto sean derrocadas las clases reaccionarias en Alemania, comience inmediatamente la lucha contra la misma burguesía. 
[…] 
En resumen, los comunistas apoyan por doquier todo movimiento revolucionario contra el régimen social y político existente. 
En todos los movimientos ponen en primer término, como cuestión fundamental del movimiento, la cuestión de la propiedad, cualquiera sea la forma más o menos desarrollada que esta revista. 
En fin, los comunistas trabajan en todas partes por la unión y el acuerdo entre los partidos democráticos de todos los países. 
Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Las clases dominantes pueden temblar ante una revolución comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar.” (p. 76-77)

Leído en abril 2021, después de las elecciones generales que ganaron Perú Libre (Pedro Castillo Terrones) y Fuerza Popular (Keiko Fujimori Higuchi).

Antes de fin de año, pretendo continuar con la Agonía de Mariátegui, de Flores Galindo, y Esencia de la democracia, de Kelsen.

Marx, Carlos y Engels Federico. Manifiesto del Partido Comunista. Ediciones en Lengua Extranjera. Pekin, 1971 (tercera reimpresión)

26 mayo 2021

M. El hijo del siglo

Seguimos la vida y la época de Mussolini, desde que funda los Fasci italiani di combattimento (Milán, 1919) hasta el momento que se encumbra en la jefatura del gobierno y disuelve el Parlamento (Roma, 1924). No fue un camino fácil. Tuvo que controlar varias facciones al interior de la organización. Contrario a lo que pudiera pensarse, el fascismo era un movimiento descentralizado. Convertirlo a partido le costó al Duce hacer concesiones propias de un buen negociante, aunque sin muchas intenciones de cumplir los acuerdos.

Existen momento tragicómicos. Si el Rey hubiera autorizado el estado de sitio, la marcha sobre Roma habría acabado en una desbandada de brabucones. Pero mucho más fuerte era la imagen de tropas contundentes que había sabido proyectar Mussolini que la realidad misma. Mucho se ha criticado a Víctor Manuel III su falta de carácter, pero también pudo ser la actitud de un monarca constitucional que no deseaba derramar sangre y trataba de dejarse llevar por los caminos de la democracia, aunque la italiana exigía más un condutcor.

En cambio, la muerte del diputado Matteotti, y la de muchos dirigentes, muestran el lado suicida de un país que toma esta opción (ya sea de Izquierda o Derecha).

Cómo se explica que una sociedad tolere y hasta llegue a venerar a un grupo violento y extremista. Sencillamente, porque se entiende que está combatiendo a otro grupo violento: los comunistas de aquella época, cuyo excesos, tanto en huelgas como en prepotencia individual y grupal, pero sobre todo, en la amenaza de una revolución -amenaza muy presente debido a la entonces reciente Revolución rusa-), generó simpatía por el opositor fascista.

Ello nos debe hacer reflexionar, pues con mucha facilidad se llama fascista al político de ideas derecha extrema, pero que carece de cualquier ánimo violentista. Esto es último hace la diferencia.

Propio de un historiador, es una biografía en el que hasta los pensamientos se encuentran documentados.

Scuratti, Antonio. M. El hijo del siglo. Alfaguara, 2020.

08 mayo 2021

Eloísa está debajo de un almendro

La noche del viernes 07.05.2021 fui a leer (placer paralelo al postergado "ver") Eloísa está debajo de un almendro (1940), del franquista Enrique Jardiel Poncela. Solo el prólogo (algo así como el Acto Cero), que se desarrolla en un cine de barrio, vale por toda la obra. Hay momentos en que uno no puede sino reírse a carcajadas (aunque con la sensación que más bien es el dramaturgo el que se está riendo del público). El Acto Segundo (último Acto) no terminó de convencerme, pero para entonces ya estamos dispuestos a concederle todo al autor español.

¿Alguna vez habrá sido escenificado en Lima? En YouTube hay como cuatro o cinco puestas en escena (algunas por amateurs bien intencionados). Esto habla claramente de su vigencia. Lamentablemente, ninguna está diseñada para ser vista por pantalla (mal audio, mal énfasis).

YouTube registra otras comedias suyas, siempre con títulos paradójicos: Un adulterio decente, Los ladrones somos gente honrada, etc. Pero parece que Eloísa es su obra maestra.

Finalmente, devolví el libro de mi padre a la biblioteca, donde había estado casi cincuenta años a la espera que lo leyera.

Madrid, Salvat Editores S.A., (biblioteca básica de libros RTV), 1969.